Velocidad de procesamiento atencional

¿TE SUENAN ESTAS COSAS QUE NOS CUENTAN ALGUNOS PADRES DE SUS HIJOS?

“Mi hijo es inteligente, pero tarda mucho en estudiar. Ha hecho muchos cursos de técnicas de estudio pero ni con esas…”. “Llega el día del examen. Se lo sabe todo, pero no le da tiempo a terminar nunca los exámenes y claro, suspende”

“Llega el día del examen. Se lo sabe todo, pero no le da tiempo a terminar nunca los exámenes y claro, suspende”

“Es muy bueno en cálculo, y lee muy bien y se entera perfectamente, pero es incapaz de resolver un problema de matemáticas”.

Si te sientes identificado con alguno de estos testimonios, sigue leyendo. Quizá aquí encuentras respuesta a las dificultades de tu hijo para sacar una nota acorde a su esfuerzo. 

VELOCIDAD DE PROCESAMIENTO ATENCIONAL

¿QUÉ ES LA VELOCIDAD DE PROCESAMIENTO ATENCIONAL?

Podríamos decir que la velocidad de procesamiento atencional es una habilidad cognitiva que se materializa en el tiempo que empleamos desde que percibimos un estímulo (número, palabra, sonido, etc) hasta que lo hemos procesado y emitimos una respuesta. 

Es el tiempo empleado en dar una respuesta desde que percibimos un estímulo”

La velocidad de procesamiento es independiente de la inteligencia y de otras aptitudes cognitivas, es decir, niños inteligentes pueden perfectamente presentar una velocidad de procesamiento baja. Precisamente en estos casos es donde encontramos más dificultades de cara a la detección, y también de cara al estrés e incomprensión de padres y docentes.

Las implicaciones educativas de una baja velocidad de procesamiento atencional son muy variadas. Podremos observar dificultades muy variadas. 

  • “Es que no me da tiempo a terminar los exámenes”: Claro. En muchas ocasiones así sucede. Llega el día del examen. El estudiante ha estudiado mucho, se lo sabe todo muy bien. Se ha esforzado, y le ha llevado mucho más tiempo que a sus compañeros de clase. Empezamos a hacer el examen. La baja velocidad de procesamiento hace que tarde más tiempo de lo que suelen tardar el resto de sus compañeros de misma edad y curso en leer, comprender, establecer la acción a llevar a cabo, recuperar la información, estructurar la respuesta en pensamiento y escribirla.
  • “Siempre llega la hora de cenar y no ha terminado los deberes”: Nuevamente, claro. Y esto sucede por el mismo proceso anterior. Se tiene que invertir más tiempo en leer, pensar, establecer respuestas y llevarlas a cabo. Muchas veces nos cuentan las familias que piensan que su hijo pierde el tiempo en su cuarto, cuando en realidad, no es así.
  • “No sabe tomar apuntes”: Sí, seguramente sí sepa, el problema es que debido al bajo tiempo de procesamiento atencional probablemente se le agolpen palabras, conceptos, frases, etc., y no sea capaz de reproducir por escrito lo que debe.
  • “Cuando le pido que me ayude a revisar los armarios para hacer la lista de la compra, al final compramos cosas que no necesitamos y lo que necesitamos no está en la lista”: Las tareas complejas llevarán más tiempo de lo habitual. Si la tarea debe hacerse rápido, es posible que salga desordenada y se confundan instrucciones simples, pues éstas suelen formar parte de una más compleja.

¿PUEDE DETECTARSE Y/O EVALUARSE LA VELOCIDAD DE PROCESAMIENTO?

Sí, sin duda alguna. Muchas familias demandan en su primera llamada información acerca de procesos atencionales, déficit de atención, hiperactividad… en algunos casos también sobre técnicas de estudio o estrategias para aprovechar mejor el tiempo, leer más rápido, etc.

Lo cierto es que puede detectarse, describirse y evaluarse sin necesidad de mucho tiempo ni de una gran cantidad pruebas. Es muy importante que la valoración sea global, es decir, que se valoren todas las vías de acceso de le información: visual, auditiva y kinestésica, así como las vías de salida de la información: hablada, gestual, escrita… También es imprescindible que se valoren algunos procesos práxicos, procesos de lectura y de escritura a modo de screening.

Y UNA VEZ DETECTADO… ¿QUÉ HACEMOS?

Ponernos manos a la obra cuanto antes. Es algo que tiene una solución sencilla. Nosotros planteamos el modelo de trabajo de la siguiente forma. Diseñamos una serie de sesiones quincenales en las que trabajaremos codo con codo con el niño. En ellas llevaremos a cabo determinadas acciones reeducativas y le enseñaremos a ejecutar actividades tipo que posteriormente tendrá que realizar en casa hasta la siguiente sesión. La constancia en el trabajo de continuación es esencial.

La constancia en el trabajo de continuación es esencial.

Le dejaremos actividades especialmente diseñadas para su hijo y para su nivel de dificultad a fin de entrenar todo lo trabajado en la sesión realizada y abrir camino a la siguiente, es decir, fijar objetivos y anticipar tarea.

A través de actividades de continuación como esta, que encargaremos tras cada sesión,  trabajaremos procesos perceptivos, de recuperación y de procesamiento y cumpliremos con los objetivos de trabajo.

Será esencial la participación de las familias, a las que formaremos también de cara a poder llevar a cabo el apoyo necesario para dichas actividades de continuación.

A través de actividades muy sencillas recuperaremos rápidamente esa velocidad de procesamiento y así, con ello, se optimizará el tiempo de trabajo, estará más conectado en clase, estudiará más rápido y mejor y no tendrá dificultades con actividades basadas en instrucciones complejas.

 

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