La atención focalizada

LA ATENCIÓN FOCALIZADA

Pero… ¿Qué es la atención?

Solemos dar respuesta a este interrogante varias veces a a la semana. Recibimos muchas llamadas de padres preocupados porque en el Colegio les han indicado que su hijo tiene problemas atencionales, que le ven disperso, que no es capaz de concentrarse… En muchas ocasiones recibimos la misma consulta a raíz de una visita al neurólogo que concluye con un informe en el que se diagnostica Déficit de Atención. 

La atención es un constructo muy amplio. En ella encontramos una grandísima influencia de la madurez de los procesos perceptivos, áreas sensoriales y aspectos estrictamente enfocados al procesamiento de la información. Se puede afirmar con total seguridad que la atención no es algo que pueda valorarse con una única prueba ni que pueda trabajarse en intervención del mismo modo con todas las personas. De ambas afirmaciones estamos muy seguros.

Para poder prestar atención a cualquier estímulo, lo primero que debemos hacer es percibirlo, mediante la vista, el oído, el tacto, el olfato…. Además, debemos quererlo hacer, por lo que entran también elementos motivacionales en juego. Una vez contamos con las circunstancias esenciales, debemos poner en marcha nuestro foco atencional: la atención focalizada. 

En el aula existen cientos de estímulos a los que prestar atención. Desde la voz del profesor, la pizarra, el cuaderno, el libro de texto, una tablet, otros compañeros, un ruido que suena, hasta elementos más finos como los cordones de una zapatilla, la goma de la coleta de una compañera, un ligero parpadeo en la bombilla de la clase, etc. 

Ante tantos estímulos, se hace preciso decidir a qué queremos atender. Aquí entra en jugo la atención focalizada, es decir, orientar nuestra capacidad atencional hacia un estímulo de la realidad. Hemos de tener presente que también los pensamientos, ensoñaciones, miedos, temores, ansiedad, tristeza, decepciones, etc., son también parte de nuestra realidad. 

Por tanto, a la hora de trabajar con la atención, se hace preciso valorar sus diferentes variables y entenderlas como procesos independientes y que, a su vez, forman parte de un todo. 

La atención focalizada permite al estudiante poder decidir a qué va a prestar atención y dirigir sus procesos atencionales al estímulo decidido, lo que implica rechazar otros estímulos, inhibir la atención hacia otras tareas y activar los sistemas de alerta (que nos proporcioarán un estado óptimo de vigilia para que podamos recepcionar diferentes estímulos ambientales y ofrecer un feedback apropiado), atencional ejecutivo (que se encarga de la selección voluntaria de estímulos y de la inhibición) y de orientación atencional (que ubicará en el espacio los estímulos a los que atenderemos)

¿Cómo evaluamos la atención focalizada?

Una evaluación de los procesos atencionales es amplia y no debe quedar abierta a pruebas genéricas. Es preciso valorar cada uno de los procesos atencionales de forma delimitada y científica. Para ello, trabajamos diferentes pruebas. Entre ellas destacan:

  • Pruebas de cancelación de letras: a partir de las cuales se solicita que el evaluado elimine de una sábana de estímulos en forma de letras aquellas indicadas. Las letras pueden sustituirse por números, figuras, colores… 

  • Pruebas de búsqueda de estímulos: trabajo inverso al de cancelación. En estas pruebas se debe buscar el estímulo (letra, símbolo, palabra, número) indicado. En ambos casos es preciso tener en cuenta la edad del escolar, así como su nivel de desarrollo y conocimiento/acceso al lenguaje (conocimiento de letras), al uso de números y a la percepción de formas, ya que en determinados casos, el desconocimiento de las letras o dificultades con el lenguaje pueden influir negativamente en este aspecto. 

  • Pruebas de rastreo: en ellas, el evaluado deberá encontrar diferentes estímulos y unirlos o generar una asociación entre ellos. 
  • Velocidad de procesamiento: en esta entrada contamos diferentes aspectos sobre ella. Es preciso conocer si la velocidad de procesamiento está influyendo en el resultado, ya que en muchos casos, no se trata de dificultades atencionales si no de velocidades de procesamiento inferiores al grupo normativo. 
NO DEBEMOS QUEDARNOS EN EL NÚMERO

La interpretación cuantitativa de una prueba o de un test es útil, nos ofrece una información que compara al evaluado con su grupo normativo (resto de estudiantes de su curso y otros niños de su edad), no obstante, no nos gusta quedarnos en ese valor numérico, no. Siempre vamos más allá para poder acceder a una información útil. Generalmente es en lo cualitativo donde encontramos la diferencia. No hay dos niños con dificultades atencionales iguales. En los aspectos no numéricos es donde vamos a hilar fino y encontrar esas diferencias que nos permitirán llevar a cabo un proceso de intervención exitoso. 

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