LA MEMORIA

En muchas ocasiones hemos escuchado hablar de la memoria. Los profesionales hablamos en bastantes ocasiones de ella y, en determinados momentos, acompañamos a la palabra “memoria” de otros apellidos tales como “inmediata”, “de trabajo”, “remota”, “de referencia”… ¿Qué queremos decir cuando hacemos uso de estos conceptos? En esta entrada, trataremos de explicarlo de una forma muy sencilla y fácil para poder aclarar bien los diferentes aspectos relacionados con esta capacidad tan importante.

Esta entrada contiene los siguientes apartados:

Definiendo el concepto

La memoria es una capacidad mental que nos ofrece la posibilidad de recoger información de 

nuestro entorno, asociarla a otra información relacionada, conservar dicha información para el momento en que necesitemos recordarla y, algo muy importante, evocar las experiencias, pues no sólo usamos la memoria para aprender cosas escritas sino que también hacemos uso de ella para sentimientos, emociones y estados anímicos.

¿Cómo funciona la memoria?

Para explicar bien el funcionamiento de la memoria, es preciso hablar sobre su ubicación, y aquí viene el dato esencial: la memoria no se describe en un único lugar de las estructuras cerebrales, sino que se reparte a lo largo de diferentes espacios con diferentes 

funciones, de ahí, que cuando trabajamos memoria, tengamos que valorar muchos aspectos para poder observar de forma fiel qué partes del proceso de memorización pueden presentar fallos y cuáles pueden ser sobresalientes. Vamos a ello… 

  • Aspectos previos: antes de llevar a cabo la memorización, será realmente necesario que activemos de forma apropiada diferentes procesos esenciales para tal fin.
    • Atención: debemos establecer el foco atencional (a qué le vamos a prestar atención) y mantenerlo durante el tiempo necesario (atención sostenida).
    • Arousal: muy relacionado con los procesos atencionales. Con este nombre hacemos referencia al nivel de activación cerebral. Es evidente que si nuestro cerebro está “dormido” no podrá atender bien a los estímulos de nuestro entorno y dificultará el proceso de memorización hasta hacerlo imposible. Podemos mantener diferentes niveles de activación en función del estado emocional en que nos encontremos (nerviosos, asustados, con miedo, tristes, alegres, optimistas…) y del estado de relajación o cansancio que presentemos, mostrando en estos últimos casos una infraactivación que no será nada buena si pretendemos hacer un ejercicio de memoria.
    • Motivación: podemos estar ante la información más importante de los últimos tiempos que si la persona que la está leyendo, escuchando o viendo, no se siente atraída hacia ella, no podrá llevar a cabo un proceso apropiado de memorización.
    • El primer proceso que se produce tras la percepción, es el proceso de codificación. Gracias a este proceso la información se transforma y se agrupa de la forma necesaria para que podamos comenzar a almacenarla.
    • Almacenamiento: una vez que la información está codificada, recurrimos al símil del almacén, comenzamos a “guardar” esa información para poder usarla cuando queramos hacerlo o cuando la necesitemos.

 

  • Recuperación: … y aquí encontramos la clave de muchos “problemas de memoria” que no son tal. Volvamos a la fase de almacenamiento y al símil con un almacén de grano, por ejemplo. Nosotros llevamos a cabo un trabajo previo de recogida y cosecha  (aspectos previos), preparamos el grano para que esté en 

condiciones óptimas de almacenamiento (codificación) y posteriormente lo introducimos en un silo de grano (almacenamiento), confiados que cuando lo necesitemos ahí estará. Hemos realizado todos los procesos de forma rigurosa y con éxito. Al irnos, confiados que ahí tendremos grano para cuando lo necesitemos, no nos fijamos en el camino que hay que hacer para llegar al silo, en dónde hemos dejado la llave del hangar y tampoco recordamos bien dónde está la llave del silo. Incluso no nos hemos fijado dónde está la puerta…. en definitiva: hemos cosechado (aspectos previos), hemos preparado el grano (codificación) y lo hemos guardado a buen recaudo (almacenamiento), pero no hemos prestado importancia a cómo llegar al hangar ni al silo, a sus llaves, a las puertas (claves de recuperación), por lo que cuando necesitemos grano, sabremos que ahí está, pero no podremos usarlo. Así sucede con nuestra memoria: nos empeñamos en aprender cosas, sabérnoslas a las mil maravillas, pero no prestamos atención a cómo vamos a hacer para llegar hasta aquello que hemos memorizado. No fijar claves de recuperación es la respuesta al por qué muchos estudiantes no son capaces de lucir en los exámenes aunque aseguran haber estudiado horas y sabérselo muy bien casa (totalmente cierto en muchos casos). También da una explicación a frecuentes olvidos o a la incapacidad de recordar fechas, por ejemplo, listas, etc.

Cuando se sospechan dificultades en la memoria, es preciso valorar todos estos aspectos previos antes de iniciar un estudio específico de la misma. 

Posteriormente, es esencial valorar, aunque sea con herramientas de screening, las diferentes áreas relacionadas con la memoria. 

Tipos de memoria 

 Existen una gran infinidad de clasificaciones acerca de la memoria. Nosotros hemos recogido varios tipos de memoria descritas por diferentes autores e investigaciones, que son las que más usamos en nuestra práctica de evaluación e intervención.

  • Memoria de referencia: Es aquella información que nos sirve como punto de contraste. Cuenta con elementos recientes, tales como lo percibido en el momento inmediato y diferentes items de información verbal y experiencial también inmediatos. A partir de ella somos capaces de asociar con experiencias remotas vivenciales y comparar situaciones, prevenir las no deseadas o buscar las deseadas.
  • Memoria semántica: Con gran importancia en en el rendimiento académico hace referencia a aquellos aspectos relacionados con el significado de las cosas, con la comprensión acerca de las cosas y con aspectos que tienden a tener cierto caracter de permanencia indepedientemente del sujeto, tales como días de la semana, horas de un día, días del año, etcétera.
  • Memoria episódica: Esta fracción de la memoria es la encargada de establecer recuerdos con “episodios” de nuestra propia vida en lo referente a sucesos, lugares, estados emocionales, etc.)
  • Memoria declarativa: surge de la unión de acción entre la memoria semántica y la episódica. A partir de ella somos capaces de recordar conscientemente sucesos vividos en el pasado.
  • Memoria procedimental: Muy diferentes a las tratadas hasta ahora. Gracias a esta memoria somos capaces de recordar diferentes acciones motoras de naturaleza ejeuctiva que hemos de llevar a cabo para la consecución de una actividad. Es la que usamos por ejemplo cuando tenemos que atarnos los cordones, usar el ordenador, manejar un smartphone, etc.
  • Memoria implícita: Es un gran apoyo a la memoria procedimental, pues gracias a ella podemos llevar a cabo la resolución de una tarea partiendo de tareas similares realizadas en el pasado sin que participe el área consciente ni tener claro que estamos recuperando la información de, pongamos por ejemplo, cómo toco la guitarra para tocar el violín.
  • Memoria explícita: Por su parte, y a diferencia de la implícita,  sí requiere de la intención en llevar a cabo relaciones entre episodios o acciones vividas en el pasado. La usamos para recordar una reunión, un examen, cuando hace muchos gané un premio, por ejemplo, etc.

La memoria nos permite recoger, asociar y conservar información además de evocar experiencias, sentimientos y emociones. 

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